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Octubre 31, 2003

El estilo

A veces es difícil mantener el estilo. Estas cartas que siempre habían sido de melancolía y pérdida no saben ser de la alegría y la esperanza, como si el diablo que nos dió las letras nos hubiera cobrado el gastarlas antes del amanecer. Por eso, y aunque uno es animal de hábitos, aparezco por casa sólo para recibir las visitas y leer lo que escriben. Y es que lo mejor de estas cartas son las anotaciones de esa gente lejana y querida que de vez en cuando descifra la correspondencia del soldado que ha perdido una nueva batalla. También regreso a espiar a los vecinos que viven a uno o dos enlaces de distancia y que, de vez en cuando, me presentan a alguien interesante con el que sentir el fugaz escalofrío de la complicidad.

Alegría bajo la lluvia

Ha cambiado la música de fondo.

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Octubre 29, 2003

Adicciones

Hay ausencias que inmediatamente se señalan, con urgencia, como si en el laberinto que es uno, accediesen a un pasadizo secreto y privilegiado. Presencias ya cotidianas, invisibles para la rutina y sus ansias de excesos y acontecimientos, dejan un vacío singular, un no saber qué hacer con esta soledad, un querer estar cerca de la casa y el árbol. Uno desearía grabar estos instantes a fuego, decirle a quien seré mañana que custodie esta alhaja, que la salvaguarde de horarios y repeticiones, que sepa evitar este derroche de nostalgia.

Escrito por Zol a las 12:41 PM | Comentarios (0) | TrackBack

Octubre 26, 2003

Las noches que tuvimos

No logro evocarlas con precisión, esta vez el olvido se llevó la mitad equivocada. No consigo reconocernos en aquellas escenas de intimidad, como si otra noche más oscura nos hubiese envuelto con una neblina espesa.
Las palabras, las promesas, se me presentan como balbuceos infantiles, dos ingenuos que creyeron poder proteger su alianza de influencias y del trasiego de la vida. Hoy otras voces son eco de ellas, como otros son relevo de los amigos que perdemos y, escarmentados, sólo les permetimos esperarnos en el zaguán.
Las miradas no alcanzo a descifrarlas, cuando las invoco mantienen su halo de misterio y, exégeta que ha perdido todas las claves, no acierto a creerlas, ellas que dijeron todo lo que no se podía contar.

Hombre con cuadro

Transformándose en otra cosa.

Escrito por Zol a las 03:29 PM | Comentarios (1) | TrackBack

Octubre 23, 2003

Toda la gente

Por la noche la cena en la casa de los recién casados: vida adulta y buenos deseos. Mañana día de regalos y cine, crepúsculo que será de fiesta y licor, anticipo del sábado, también abarrotado de gente, citas, encuentros, planes para salir. Ocupar el tiempo, homo ludens que nos llaman algunos, compartir la risa y las bromas, alejar aquellas maldiciones generacionales que acechan en los puestos de trabajo, en la casa de los padres, en ciertos rincones del alma.

Pero en este derroche de recreo, en este paréntesis del fin de semana, cabe aún otra aclaración - y es que uno abusa del recurso - , una pausa, un perderme de todos para saberme perdido tras su pérdida.

Bacanal y vino

Bacanal y vino... no será para tanto.

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Octubre 21, 2003

El quijote

Comienzo a leer el Quijote. Sucedió como sucede con tantas otras cosas, que uno las proyectó en un espacio y tiempo, figuró su sentido y su ocasión, pero la realidad siempre miente con las aparentes treguas - nunca da síntomas de desarme - y precipitó el advenimiento del clásico con su mundo y su promesa de noches en vela.

Me consagraré al Quijote por no leer otros libros y es que sucede como sucede con tantos otros estados del alma, en los que nos reducimos y encerramos en un mundito, inútil hibernación sentimental.

Terminaré el Quijote, porque es la hégira de una etapa de lecturas y devaneos, de búsquedas y compañeros de viaje. No sucederá como en aquella vez que la literatura empezó a convocarnos alrededor suya, como exiliados que comparten la añoranza de la patria y se acercan para no olvidarla y vencer a la hostilidad de ese nuevo país misterioso. Esta vez, cada uno la guerra por su cuenta, sin saber si queda algún lugar a donde volver.



Fernando Rey como Don Quijote

Bálsamo de Fierabrás

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Octubre 19, 2003

Atrapado

No atino a llamarlo lástima por ser pariente del afecto y ese hace tiempo que, agotado por despilfarrarlo en otras devociones, desapareció entre nosotros. No, no es compasión, aunque con los años ya a nadie le interese el magisterio de su cátedra y la roca de su erudición apenas se mantenga en pie, erosionada por soledades y decepciones. Errático anda, escupiendo la bilis que otros siembran, ciego como está a su esclavitud, cobarde que prefiere el refugio de los vacíos a la libertad - que es búsqueda y desamparo ante el mundo - y es que la vida pasa y cada vez nos quedan menos hombros en los que confiar una lágrima, una ilusión o una tristeza. Extraña sensación ver al mago repetirse y recurrir, decadente, a los mismos trucos de siempre sin darse cuanta de que ya crecimos, ya descubrimos los hilos de las marionetas.
Prefiero no ponerle nombre, es tan fácil equivocarse con alguien, es tan difícil discernir cuando nacieron estos rencores. O más bien, por quién.

Untitled de  Charles Ray

Atrapado y sin nadie que libere.

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Octubre 16, 2003

Fácil

Es fácil sentirse único cuando, vacíos e indeferentes, los enemigos se dispersan cada uno a su guerra, tan íntima, que no es sino la única forma de paz que los adultos cobardes comprenden. Descubrir que el sometido y el moribundo escudriñan tu corazón para herir, para morir matando quizás, es tan sencillo como contemplar las llagas que resultaron de nuestro duelo. Y saber - nada más obvio - que lo necio y lo presuntuoso habita en los que tienen voz en este mundo, como si lo mediocre se redimiese convenciendo a otros de su virtud.
Lo difícil es discernir qué callar y qué decir, aunque los piratas ya supieron que el equilibrio es imposible.

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Octubre 13, 2003

Su alegría

Es como un hachazo en mi bloque de hielo. Ahora que deberíamos personalizar una tragedia, cuando la vida invita a la tristeza y la ruptura, su risa desarma conciencias y seguridades. Es aquella por la que merecía pasar las horas inventando sin parar, viajando a latitudes más frívolas y hedonistas sólo por verla aparecer, no por esperada menos festejada. La misma que te convencía de tu condición privilegiada, único árbitro de esa lucha por no ser olvidado y sentirse querido, como los niños chicos. Esta noche ella no quería ser de blues y canciones frágiles como las de Malia, sino que es de ritmos y diversión, de alcohol y sensualidad, con la alegría a otra parte, a otra gente. Años buscándola y creyendo encenderla para, iluso de uno, saber al cabo que seguirá volando lejos como si nunca hubiese sido mía.

Fotografía de Malia

Malia sabe... cantando "Yellow Daffodils"

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Octubre 12, 2003

Secreto roto

No recuerdo la cita, siquiera supe en su día que se iba a quedar habitando en el subconsciente esperando soltar su zarpazo. Pero el poeta ya me anticipó la historia del hombre y su amiga, del extraño cariño, de la complicidad, de un sobrevivir juntos la guerra y el destierro. Como todas las alianzas se pobló de símbolos porque el hombre es un animal sacramental, pobre mortal consciente de estarle vetado el pronunciar en exceso las palabras reservadas a los dioses. De entre todos los símbolos había uno especialmente preciado para él, un jarrón antiguo, pequeño y humilde, inseguro y vulnerable como una adolescente que se piensa poco agraciada en su primera cita. Ella era su custodia, del trozo de cerámica, de su sacramento, del secreto contenido, del sello de la alianza. Un día lo hizo pedazos. Nunca sabremos por qué, si es sólo que la vida es así y en ella no caben imposibles o sufrimos la innombrable maldición de cuando alguien se cuela en el afecto y ya nunca podremos desterrarlo. Puede ser que ella no supiera su verdadero valor, que el anatema estuviera revestido de inocencia y no fuese tributo a otras religiones. Pero está roto, no volverá y sus pedazos se presentan en los sueños de él para gritarle que la realidad a la que señalaban ya no existe.
Y no volverá. Jamás.

Secreto roto

Y querer huir a donde nadie te pueda tocar

Escrito por Zol a las 03:55 PM | Comentarios (0) | TrackBack

Octubre 11, 2003

Cuando canta canciones tristes

Ella es de violencia y exceso, como si demasiadas emociones no pudiesen ser contenidas tras una piel pálida y unos ojos de fuego. Junto a ella, uno que le guía e inspira, toques de guitarra como susurros que orientan en un bosque oscuro. Otro, en cambio, sólo es escolta, percusión que presenta la necesaria eficacia que acompaña al brillo y el genio. Si el ritmo es intenso no se puede dejar de contemplarlos, flemáticos como las orillas del río a punto de desbordarse que se saben necesarias para contenerlo y encauzarlo, para acompañarlo y disfrutarlo.

Pero cuando ella canta baladas tristes, desaparecen. Cierta magia que sucede cuando una canción encuentra a su voz, cuando algo que uno lleva dentro encuentra su canción. Entonces, al descubrirla sola, uno aspira a escoltarla, acompañar su viaje con la eficacia necesaria, y puede que, ingenuo, llegar a guiarle e inspirar el hermoso quejido y el suave mecer de su cuerpo en el escenario.

La magia se termina, uno no sabe si por la mano que convoca a otra mayor o la tormenta que se desata en el escenario. Duerme la cuidad y en aquel local oscuro la música huele a jazz...

Foto de Anita Rowe, cantante de Hermanas Sister

Anita Rowe, de Hermanas Sister.

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Octubre 09, 2003

Entre dos mundos

En el mundo - libro - de las ilusiones está esa voz precisa, intimista y creíble. Tiene el ritmo perfecto, la economía de palabras justa, sin el barroquismo vanidoso del escritor que se vanagloria, sin la simpleza de los mezcladores de letras a los que nunca daré sitio en mi parnaso. Anoche, fuera, se me anunciaron misieras y codicia, el rostro repulsivo del hechizado por el dinero y el poder. Auster me trae a David Zimmer en la busca de su contrario, de si mismo, del sentido, de una nueva oportunidad para vivir. En otro mundo, el fétido olor de la maldad más vulgar y la rabia que ésta siembra como para perpetuarse.
También, con el crepúsculo, la cercanía y mirarse en otros ojos, la eterna complicidad que viene sólo de vez en cuando, como si del lado al que escapo siempre que puedo me hubiese seguido, valiente, otra voz que lo habitaba.

Oliendo una flor

Y en este mundo es mucho mejor

Escrito por Zol a las 08:05 PM | Comentarios (1)

Octubre 07, 2003

Junto al éxito

Justo al lado, vecinos. Puedo oír sus fiestas, lamentar cuando tiene invitados - aunque nunca protesto, prudencia para evitar ser postergado - y despertarme sobresaltado las veces que llega ebrio, noctámbulo cuando yo no puedo. Algo debe fallar en mi cortejo, tal vez me sepa demasiado entregado como para invitarme o quizás que soy en exceso cargante y le aburro con mi perorata existencial y bloguera. Probablemente haya algo en mi aspecto, mi ropa, mi sonrisa que cosecha su rechazo - tantas veces lo he visto cogido del brazo de la altivez - pero aún no averigüé el qué.
Después de todo temo a que llame. Como buen vecino vendrá a pedir algo - un poco de sal, ¿me puedes regar las plantas? - un precio, una muestra de mi buena disposición a cambio de darme lo que ansío. Espero que tarde, no estoy seguro de mis deseos y que haya roto la cata en la que un día le pedí una princesa convertida en un dragón, el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón, un vellocino de oro para un reino, que Virgilio me llevara al infierno, ir hasta el cielo en un fríjol sembrado y ya. Ahora no sabría que hacer con todo eso.

Eleven A.M. de Hopper

Sin saber muy bien qué pedir


Escrito por Zol a las 08:04 PM | Comentarios (6)

Octubre 05, 2003

Domingo

Hoy es Domingo, no uno de esos especiales que le sorprenden a uno en un viaje exótico o en una cama ajena. Este Domingo pertenece a la raza de los de despertar tarde y café con prensa, de los de navegar buscando unas letras amigas, de los de aplazar llamadas condenadas al ostracismo. La comida en familia, tarde con libro y sin reloj, noche de paseo, tal vez en busca de saborear Carmen o de paisaje y conversación o de nada.
Porque la vida es así a veces, sin sobresaltos ni depresiones, sin tormentas que angustien ni pasiones que quemen por dentro: un apacible viaje junto al mar con un libro, con ella, solo.



Paz Vega es Carmen

Y Carmen, todo lo contrario, no puede dejar de enamorar.

Escrito por Zol a las 12:38 PM | Comentarios (11)

Octubre 02, 2003

Me mientes

Recuerdo el sudor en mis manos mientras hablabas. Las mentiras fluían con precisión y puntualidad, desmintiendo aquello de que es amarga la verdad, quiero echarla de la boca. Asistí intimidado, fuera de juego, como en un viaje astral a un mundo que no es el mío y del que aguardo, inocente, ser expatriado por alguna fuerza maravillosa. Pero no, el martilleo de tus falacias, tu desprecio por las personas, ese cinismo de usurero se plantaban ante mi ineludibles, definitivos. En un momento desee ser otro hombre, convocar a la verdad para mostrarte con violencia mi repulsión, dejar claro la náusea que me provocan tus engaños, articular al menos, aunque fuese balbuceando, la rabia ante quien instaura las reglas que subvencionan su codicia y luego desprecia a quienes las violan. Quise incendiar y quemar, romper, destruir.
Pero - ya lo supo el poeta - a veces las palabras no sirven, son palabras. Y todo esto que escribo no conseguirá reconciliarme, gladiador al que, aunque mantenga los puños cerrados, ha abandonado su coraje para dejar sitio a ese invitado inevitable que es la tibieza.

Escrito por Zol a las 09:35 PM | Comentarios (12)