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Diciembre 22, 2004

Al hablar por teléfono

Tu crees que ya no nos quedan cosas de que hablar, como si nos hubiésemos difuminado en la masa que hipoteca su casa, va al fútbol y sufre del mal tiempo. Militas - con la escasa convicción de quien en el fondo desea un cabio de régimen - en una tibia oposición al abandonarse en los brazos de la cháchara vacua de los adultos.

Yo temo el estar perdiendo un idioma, una forma de ver el mundo, plagada de mitos y referencias comunes. Comencé a sospechar anoche, al hablar por teléfono. Al principio creía que era mi torpeza al interpretar los silencios, privado como estaba de una mirada temerosa o de una sonrisa incitadora que apuntaran el camino a seguir. Pero hoy - no sé, el cansancio, ciertos sinsabores inoportunos - nos observo como una extravagante especie en extinción que acabará por adaptarse, que no es sino otra forma de morir.

Escrito por Zol a las 09:43 PM | Comentarios (6) | TrackBack

Diciembre 12, 2004

La última bala

Como el espía guarda siempre una última bala que le salve de caer preso, se atesoran a veces ciertos números de teléfonos, direcciones, una puerta de atrás íntima y secreta por la que intentar escapar. Los tenemos ahí, sin saber si aún guardan la pólvora de antaño, sospechando que cada día que pasa su poder va menguando a fuerza de ser condenados al pasado. Quizás nunca deberíamos atravesar la puerta, volver a escribir, recurrir a una última llamada. Tal vez creer que existe una posibilidad de salvación, que aún tenemos un as en la manga, valga más que la redención misma. Será por eso que anoche, cuando disparé, mi tristeza no la trajo la voz de la operadora, metálica y fría, sino el comprender que mi última bala no podrá ser disparada nunca más.

Escrito por Zol a las 09:27 PM | Comentarios (11) | TrackBack

Diciembre 04, 2004

Las mismas palabras

Se volverá a cerrar la puerta de la habitación. Adentro, el aire viciado, la semioscuridad cómplice, cierta atmósfera decadente y provocadora. Diré nuevo las mismas palabras, aquellas que buscaron fundirse con tus deseos, escudriñar tus anhelos, ser el espejo impecable de los sueños que no me contabas. Otra vez las mismas mentiras, o, acaso, verdades aproximadas, efímeras de deseo, tan antiguas como el sexo y la muerte. Pero ya no eres tú, sino tu recuerdo punzante, más intenso según pasa el tiempo y no consigo desterrarte de mi memoria.

Escrito por Zol a las 12:16 AM | Comentarios (4) | TrackBack