Marzo 26, 2006

Cambió

¿Y ahora qué? Si se han roto las tablas de la ley y ha desaparecido del mapa la página con el jardín del Edén, ¿qué hacer? ¿acaso revisión de errores y culpas, de todo lo que como un ciego fuiste pisando sin querer? Si algo en él cambió y apenas tres palabras dieron luz a meses de confusión ¿a qué continuar con el afán de conseguirlo todo, de la historia perfecta soñada sin contar con nadie? Quedan un puñado de canciones, de sitios, de palabras que no se dejarán exorcizar, atadas como están a todo lo que tenía que haber sido.

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Septiembre 19, 2005

Y sigues allí

Sigues allí, en las madrugadas de sábado, mientras los enamorados se abrazan en habitaciones de hotel y los matrimonios se dan la espalda, ignorando el uno del otro si duerme o está desvelado. Persistes, noche tras noche, pero ya no más con tu amiga inseparable, ¡ay!, ¿se cansó acaso ella de los susurros al oído? ¿le agotaron las miradas que desean, las palabras que buscan desarmar? ¿o acaso desertó, cambió de bando a aquél otro de la tibieza y la seguridad, de los domingos por la tarde y el deseo domesticado?

Pero tu sigues allí y de nuevo te puedo examinar: los mismos gestos, la disimulada y calculada indiferencia y hasta la misma sonrisa forzada; pero ahora con nuevas compañías, prescindibles como todo lo que conocimos en aquel bar, en las madrugadas de sábado.

rostro hermoso

Con tu gesto de querer estar en otra parte

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Julio 20, 2005

Contarlo todo

Lo exponemos todo. Al amigo íntimo, al confesor, a nuestro futuro mayor enemigo, a la amante protectora. No hay secreto que nos acompañe a la tumba, ni misterio que no sea finalmente desvelado. Presumimos de discretos, nos creemos fuertes con la seguridad de que no todo es descubierto, de que es posible que nadie oiga esas palabras. Pero al final lo contamos todo, ya sabes, y a veces a la persona menos adecuada. Y eso es lo que a tí te pierde.

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Abril 08, 2005

La chica del 20 minutos

20 minutos ha llegado a mi ciudad y con él, ella a la esquina de mi calle. Desde mi acera gris la velo cada mañana, apenas unos instantes se cruzan las miradas al atravesar la avenida. Siempre es amable, no regatea el saludo ni la sonrisa, dentadura nívea, morena la piel, quién conociera a qué secreta playa se retira a descansar...

Muchas veces, casi siempre, hay un tipo chalado intentando hablarle, queriendo quedarse a su vera. Me inclino a creer que ella lo tolera con estoicismo y, por eso, cuando llego a solicitarle el periódico y él se retira unos instantes, imagino que no sólo es ella quien me rescata a mí.



Sonrisa necesaria como el pan de cada día. Foto Marck Tucker

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Noviembre 16, 2004

Ojos grandes, hombros desnudos

Y en la mirada una serenidad que incita a huir de la conversación pueril en la que la encuentro. Quieta, imperturbable, mientras alrededor giran en torno a ella vinos, risas, palabras que la quieren tocar.

Una vez conocí a una mujer de aquella ciudad, de esa forma clandestina y anónima que tienen estas cartas de acercarse a algunas soledades. Durante algunos instantes fantaseé con que eran suyos los ojos grandes, que no era sino a ella a quien pertenecían aquellos hombros desnudos. Quizás porque, como ocurrió con la chica del bar, su tristeza sería capaz de eclipsar la llegada del invierno.





Ojos grandes.

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Agosto 23, 2004

Ojos dorados, morena la piel

Ojos dorados, morena la piel y su presencia singular entre la multitud de voces y de cuerpos, de seres que se desdibujan junto a su paso pausado, abandonado. Ojos dorados, mirada intensa pero perdida, como si realmente no perteneciese a este mundo y no sólo es que su belleza lo reclame. Morena la piel y su mano unida a otra mano, único nexo de unión con una humanidad que la observa alejarse segundo a segundo. Ojos dorados, morena la piel, diez metros de distancia, vidas que no se cruzan y la inevitable inercia gris.

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Mayo 21, 2004

La sonrisa de Sabrina

Sabrina y su sonrisa nívea, Sabrina y su dentadura proporcionada, armoniosa, perfecta. También están unos hoyuelos apenas esbozados y esos caracoles que se forman en su frente, reminiscencia de la niña traviesa y disparatada que debió ser Sabrina. Puedo imaginarla apasionada, ardiente en el amor, quizás por esa atracción que siempre me causaron la piel blanca, el brillo en los ojos. Se asemeja, ilusión del blanco y negro, a una actriz de los cincuenta, eterna secundaria obligada a ser cómica a la sombra de una estrella fatal y despampanante.

Ahí está Sabrina, mujer de la que me podría haber enamorado de chaveas en el instituto, con que sólo hubiésemos compartido unos novillos o un viaje fin de curso. Sé que debería añadir algo, no sé, descifrar el enigma, la historia tras la foto. Pero para ello ya hay otros más avezados que uno, que saben descubrir las máscaras con la que se disfraza el diablo. Yo preferí fantasear un poco, transfigurar, aunque la imaginación no es amiga de la verdad, la Sabrina que uno creyó conocer y no recuerda en que calabozó se extravió.




La foto completa

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Abril 25, 2004

Duermes junto a mí

Duermes. Presiento que anhelos vedados para mí, futuros imaginados antes de que yo llegara, espejismos de lo que la vida no te iba a regalar, aprovechan el sueño para declarar que el olvido es imposible.

Tu mano, que antes siempre me había hablado de deseos y caricias, ahora me apresa como una garra, zarpa que aprehende un refugio provisional y generoso.

Ya también quiero detener el momento, aprisionarlo en estas letras, consagrarlo a la nostalgia para el día en que esos mismos sueños te hayan llevado lejos de aquí.





Refugio provisional y generoso.

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Diciembre 13, 2003

Retrato de mujer al fondo o elogio de la imperfección

De estar más cerca, me hubiese sido imposible guardarla para mí, porque en la proximidad la mirada aborda, invade. Pero permaneciendo lejos, o no tanto, a unos metros, pudo pasar por distraída y casual, no más que un inocente asombro o una curiosidad irreflexiva. Protejo su recuerdo de niña mujer, de pelo corto y mejillas sonrosadas, que se avivan como su genio, siempre a flor de piel, como atesora el místico su visión o el asceta su norma. Se creerá maldita por los hierros que atenazan su boca de labios finos y lengua viperina - obra la imaginación el milagro de inventar las palabras, como si el rostro y su mirada de criatura indomable fuesen suficientes para resumirla - pero no sabe que el demonio que amarga es a veces bendición. Y lo es porque transfigura en irresistible titubeo lo que de natural hubiese sido soberbia y altanería, porque su gesto tímido e inseguro convoca a la caricia - y al deseo - más que las perfecciones que este siglo predica.
La belleza y una copa de vino, buena compañía y pocas certezas, acaba el año casi como comenzó...



Tiolina

Gente que pasa por la vida de uno como los figurantes en las películas


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Diciembre 07, 2003

El teléfono

Uno siempre ha creído, influido como todos por el miedo a lo distinto, que ellos con sus grandes autos y su conducción homicida no hacían sino revelar ciertos desajustes psicológicos, o quizás no sea más que la manifestación de alguna disfunción sexual. Pero existen los mezquinos del mercado, la tropa del éxito y las ventas, divertidos y atractivos, triunfadores que nos descubren, por fin, de qué presumir, de como un celular se nos manifiesta como el símbolo, acaso como la cruz o la media luna, de su nueva y grosera religión . Hay quien lo dijo más claro, sólo pensar un momento desnuda la perversidad usurera disfrazada de ingenio y alegría.

Ellos no saben, nunca entenderían, que ella, con su negativa a poseer uno de sus artilugios, revela parte de su esencia, porque no se deja encontrar, porque andar tras su busca es perderse en un laberinto de contestadores y otras voces que no conducen sino a su insondable retirada, no por repetida menos dolorosa.

Pero él, con su teléfono siempre encendido también juega, a estar siempre localizado, abortando cualquier excusa, invariablemente al alcance para a la postre saber, queriendo saber, quién le esquiva, quién le huye.

Dos que se buscan y no se encuentran, que se piensan y se olvidan, añorando hasta que llega el recuerdo de su decisión, intercambio de roles entre cazador y cazado en el juego que se posterga sin que sepamos – queramos – darle fin.

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Noviembre 27, 2003

Diálogo a tres voces

Antes la voz cercana, con su risa de afecto - aún libre de la obligación de herir - con su necesidad telefónica, con la tensión entre el deseo y las reglas que todos, en cada momento, construimos y otorgamos y con las que queremos atar y atarnos. Después, casi enseguida, casi en un susurro, la segunda voz, con ese maldito tono de tener la cabeza en otra parte, como si el oído al otro lado perteneciese ya a otra realidad, a otro tiempo, en que fue preferido y, justo por eso, conviene desvincularse, como quien pasa la penúltima página de un libro querido y hermoso.

Se entremezclan las voces, se confunden los actores entre el cansancio y los días que pasan como si todo diese igual.





Voces que oigo hasta en sueños.

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Noviembre 21, 2003

Detrás de la barra

Detrás de la barra ya no está su figura de muñeca, ni es su sonrisa la que te recibe al arribar, donde a veces soñé haber descubierto un rastro de predilección por la propia aparición, un guiño, móvil ilusorio de tantas escapadas. No disfruté anoche de su seductora indecisión, de su mirada que engatusa, de su morderse el labio al hacer caja, como si un agente enemigo se hubiese infiltrado en la noche no se sabe bien si dispuesto a apostatar de su antigua patria o para destruirnos a los que la habitamos.

Vendrán otras huidas, otras barras, y aunque allí la música aún es la de las noches cómplices - con su Coldplay, con Suede, con su Corazón de tiza - acaba uno por descubrir que por una vez es el monje el que hace el templo, y que volver no será sino aguardar su reaparición, como se esperan tantos imposibles en esta vida que alguna - rara vez - suceden.

Mujer con los pies en el agua

Obsessions on my mind

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Noviembre 08, 2003

Mi ciudad

En mi ciudad está todo, lo peor y lo mejor, como si fuese el libro definitivo que aún no me ha encontrado. En ella habitan la vida en la calle, los días de luz, las noches de verano, cierta forma de tentar a quienes la respiramos a encontrarnos y a buscarnos. Pequeño Edén de la gente sencilla que aún recuerda que no hay más urgente que un amigo y una copa de vino para compartir, rito sagrado de la amistad, cierta forma de decir las cosas.
En mi ciudad hay ciertos olores impagables, a mar que agoniza al alba, a atardeceres con jazmín, a mujer morena en la noche, con ojos oscuros que profetizan la perdición... y es que esta urbe es de los sentidos, como otras son de la razón (y a todas los poseídos de codicia quieren hacer del esclavismo del dinero, con su yugo de terciopelo y su savoir fair).
En ella también habita una raza despreciable, mezcla repugnante del peor catetismo de ciudad con cierto "kalorrismo" barriobajero que encarna todo lo mezquino, acomplejado y falto de estilo de esta metrópoli.
Y uno, que a veces ha sido ciudad de paso, quisiera que te quedaras aquí para habitarme, y que rompieses, sin tristeza, el billete de vuelta.

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Noviembre 03, 2003

Su rostro

Hay quien sostiene que la cara no es el espejo del alma, son los abandonados por la belleza, caprichosa e impredecible; pero su rostro torcido parace maldito por sus víctimas, como si el destino hubiese conseguido traer su esencia a la superficie. Supo el poeta que tener no es signo de malvado; más su abundancia no es sino la miseria de otros, ignorada desde que se suicidó su conciencia, cansada de convivir con la rapiña y la indiferencia. Conoció uno a gordos felices, sonrientes y bonachones, que parecían portar un secreto enviadable sobre cómo disfrutar la vida; pero su panza es la extensión de su odio y desprecio, ser abyecto merecedor de repulsa y olvido.

máscara

Maldito el día en que llegó, cuando otros rostos más hermosos se alejan

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Octubre 19, 2003

Atrapado

No atino a llamarlo lástima por ser pariente del afecto y ese hace tiempo que, agotado por despilfarrarlo en otras devociones, desapareció entre nosotros. No, no es compasión, aunque con los años ya a nadie le interese el magisterio de su cátedra y la roca de su erudición apenas se mantenga en pie, erosionada por soledades y decepciones. Errático anda, escupiendo la bilis que otros siembran, ciego como está a su esclavitud, cobarde que prefiere el refugio de los vacíos a la libertad - que es búsqueda y desamparo ante el mundo - y es que la vida pasa y cada vez nos quedan menos hombros en los que confiar una lágrima, una ilusión o una tristeza. Extraña sensación ver al mago repetirse y recurrir, decadente, a los mismos trucos de siempre sin darse cuanta de que ya crecimos, ya descubrimos los hilos de las marionetas.
Prefiero no ponerle nombre, es tan fácil equivocarse con alguien, es tan difícil discernir cuando nacieron estos rencores. O más bien, por quién.

Untitled de  Charles Ray

Atrapado y sin nadie que libere.

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Agosto 20, 2003

Otra vida pudo ser posible

Pensaba mientras ella me sonreía desde lejos. Aún no adivino si era la señal de la complicidad, del reconocer una afinidad, la declaración de que su esencia y la mía son semejantes o sí, por el contrario, sólo era que venía de besar a Baco y se traía la alegría de los dioses paganos, maldita con la fugacidad por otro dios celoso.
Pero cuando hablamos y nos mirábamos me gustó pensar que aquél pudo ser mi camino: la provisionalidad de su presente, la frecuencia en las mudanzas de su vida amorosa, el futuro siempre sin perfilar, esa estética desprovista de altivez, desnudez de quien ha sabido vivir más lejos de las leyes de los hombres que uno...
Ella marchó con otro hombre, al que yo no envidié su paso nómada por aquel cuerpo, ni desee robar la cercanía a los ojos brillantes y la sonrisa sincera, viviendo como vivo en otro hemisferio, contento y sorprendido.

Raquel
La imagino a veces muy sola

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Julio 07, 2003

Siempre

Ella jugando con fuego junto al precipicio, de la noche con Luna y de la vida sin infancia. Con la risa fácil y el cariño dispuesto, de juicio rápido y arbitrario que arruina todas mis predicciones. Y está su quejido profundo - de lo poco que aún conmueve esta conciencia domesticada por los años - sus preguntas y ese tono de quien intuye que las respuestas hacen llorar. Aún tiene esa intensidad que convence y atrae, como luego asusta, ay...
Los mismos demonios y las mismas debilidades, en el fondo seguimos siendo los mismos que un día creyeron que el mundo no está vacío y que, de vez en cuando, por aquello de las llamadas y los teléfonos que salvan distancias, reconocen al que una vez buscaron en un espejo.

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